La Deportiva Minera tira de épica para llevarse tres puntos que llevan la pelea por el campeonato al rojo vivo de cara a la última jornada
Es difícil preparar un guion tan apasionante como este. No quedan uñas, los corazones van al límite, pero la Deportiva Minera sigue soñando. Lo hace a base de fe, de nunca dejar de creer. Incluso cuando más crudo pinta todo, se saca la casta que impera en esta familia para acabar asaltando Almería a lo grande. Un 3-4 de infarto, tres puntos de oro y la oportunidad de pelear por el ascenso directo en la última jornada de liga regular. Cuánto hay que sufrir, pero qué bien sabe esto.
Empezaba muy bien el choque, de la mejor forma posible. A los nueve minutos se abría la lata con un gol de Kevin Toner a la salida de un saque de esquina. El central irlandés aprovechó a las mil maravillas una segunda jugada del córner para sacarse un remate de mucho mérito y subir el 0-1 al marcador. A partir de ahí, todo se complicó. El filial almeriense se vino arriba y acabó complicándole y de qué manera al equipo dirigido por Checa.
La posesión se iba volcando hacia el lado almeriense, con combinaciones continuas que acababan generando peligro en las inmediaciones de Álex Lázaro. Los de José María Salmerón rondaban la portería rival, hasta que Marciano encontró el camino del gol para empatar el encuentro. Corría el minuto 23, todavía con tiempo por delante para la reacción. Pudo llegar de botas de Álex Macías, pero su zapatazo no fue entre los tres palos.
Todavía más cuesta arriba se ponía la situación con el segundo tanto del Almería en los últimos compases de la primera mitad. A menos de diez minutos para el descanso, Iker Burgos mandaba a la jaula una buena triangulación local hasta la cocina y mandaba el choque a los vestuarios con el 2-1 favorable al filial rojiblanco. No pasaba nada, la sangre corría con la calma de alguien que se ha visto ya en esa situación y tiene la clave para darle la vuelta a la tortilla. Así fue y, además, a lo grande.
Lo del inicio de la segunda parte fue la tormenta perfecta desatada entre las filas rojillas. Completamente desbocados llegaba una remontada ´express´ que ponía el ´mini Coliseo Ángel Celdrán´ en un hervidero. La afición se subía a la misma ola en la que estaba montada el equipo, forjada con los goles de Rubén Mesa en el 50 y de Pitu en el 51. En un abrir y cerra de ojos las aguas volvían a correr por el cauce que le interesaba a los rojillos.
Como en esta categoría no hay rival sencillo, y ya avisaba Checa en rueda de prensa, la película no estaba ni mucho menos acabada. Todavía quedaban unos cuantos capítulos, los más especiales, los épicos, los que pase lo que pase nunca se van a olvidar. Primero tocó abrocharse los cinturones con el gol en contra, que suponía el 3-3 en el electrónico. Marciano volvía a hacer de las suyas anotando el 3-3 a quince minutos del final. Tampoco pasaba nada, la confianza seguía intacta y nadie iba a ser capaz de silenciar el rugido de un equipo y una afición unidos.
Esta película ya se ha visto varias veces esta campaña, pero no deja de poner los pelos como escarpias y el corazón al borde del límite. Tocaba tirar de épica y ahí que Javi Vera se puso el disfraz de héroe. Un córner, minuto 89, todos desbocados en busca del tanto. La combinación perfecta para que lo imposible se vuelva euforia. Omar la puso con música y el ´6´ minerico fue con todo al remate. Casi sin querer, pero acabó entrando. Ese balón dio la sensación de que había entrado con el alma, con la suya y la de los más de 200 fieles que seguían creyendo, como siempre lo han hecho este año.
El 3-4, los últimos minutos de aguante como jabatos y el pitido final que confirmaba que la Minera sigue en plena pomada por el primer puesto fueron los factores agitadores de una fiesta como pocas se recuerdan tras una victoria de las que pocas se recuerdan también. El cuadro del Llano del Beal llega a la última jornada empatado a puntos con el CD Extremadura, pero con los extremeños por delante debido al golaverage particular. Se peleará y se creerá hasta el último segundo de vida, porque este equipo no se cansa de soñar en grande.

